| Joan Ainaud de Lasarte, director general de Museus d’Art de Barcelona (1948-1985) |
El Museu Picasso de Barcelona es el testimonio más evidente del cariño que Picasso sentía por la Ciudad Condal. El Museu no habría abierto sus puertas en 1963 en la calle de Montcada si no hubiera sido, por un lado, por la voluntad del propio artista y, por otro, por la determinación y el compromiso de diversas personas: en primer lugar, su secretario personal y gran amigo Jaume Sabartés, cuya colección picassiana fue el núcleo original de los fondos del Museu; la esposa del artista, Jacqueline Picasso; miembros de la sociedad civil barcelonesa admiradores y amigos de Picasso, especialmente las familias Gaspar y Gili; y, en última instancia, el Ayuntamiento de Barcelona. Pero la historia del Museu no sería la misma sin la fecha clave de 1970, el año en que Picasso decidió donar a la ciudad de Barcelona todas las obras que hasta entonces habían custodiado sus familiares en el domicilio del Passeig de Gràcia.
Este gesto —una donación pública y voluntaria— pone de manifiesto la profunda voluntad de Picasso de que su obra formara parte del patrimonio colectivo. El Museu, en este sentido, es una institución nacida para el público y perteneciente a la ciudadanía barcelonesa y catalana. Por ello, una de las prioridades actuales del Museu es situar a las personas visitantes y a la sociedad local en el centro, abriéndose con una vocación inclusiva y participativa. El legado de Picasso no solo debe conservarse, sino compartirse, interpretarse y activarse de manera continuada para que siga siendo significativo para las generaciones presentes y futuras.
La Colección, integrada por unas 5.000 piezas, es la más completa del periodo de formación de Picasso, lo que convierte al Museu en un centro de referencia para el estudio de la obra temprana del artista. En este sentido destaca un conjunto excepcional de obras realizadas en Málaga, La Coruña, Barcelona, Madrid y Horta de Sant Joan, que son testimonio tanto de la sólida formación académica del artista como de su marcada personalidad artística y de su incipiente libertad creadora. Además, la colección es rica también en obras de juventud, que evidencian la rápida asimilación que hizo Picasso de las corrientes más vanguardistas imperantes en la Barcelona del cambio de siglo y en el París de la Belle Époque. Asimismo, son destacables el conjunto de obras pertenecientes a la llamada época azul, los óleos que pintó en Barcelona en 1917 y la serie completa de Las Meninas, en la que hizo su interpretación personal de la pintura homónima de Velázquez. Sin olvidar la notable colección de obra gráfica y el conjunto de 41 cerámicas que Jacqueline Picasso donó en 1982.
Desde 2011, el Museu cuenta con el edificio anexo del Centro de Conocimiento e Investigación, que acoge el archivo y la biblioteca y donde se custodia un rico conjunto de fondos documentales, fotográficos y bibliográficos en torno al artista y su obra.
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