Ubú rey comenzó como una broma escolar. Alfred Jarry, junto a dos compañeros del liceo de Rennes, caricaturizaba a su profesor de física, Félix-Frédéric Hébert: estricto, barrigudo y con unos experimentos que casi nunca salían bien. Los alumnos le dibujaban orejas grandes, dientes prominentes y gestos absurdos, convirtiéndolo en el antihéroe perfecto.

Reproducción del retrato del señor Hébert, profesor de Alfred Jarry en el Lycée de Rennes, inspirador del personaje de Ubú, realizado por Jarry. Tarjeta postal del Collège de ‘Pataphysique, París, s.f. 14 × 10,5 cm. Colección privada
Aquella burla de instituto no se quedó en un cuaderno. Jarry y sus amigos empezaron a dar vida al personaje, primero a través de lecturas y pequeñas representaciones informales, hasta llegar a funciones con títeres hechos a mano, en el desván de su casa. Los movimientos rígidos, las voces exageradas y la famosa barriga en forma de pera (la Gidouille) acentuaban el carácter grotesco de Ubú. Estas primeras escenas fueron el laboratorio donde Jarry experimentó con el humor, el absurdo y la parodia
Finalmente, la obra llegó al Théâtre de l’Œuvre de París en 1896. La primera palabra de Ubú —un contundente «¡merdre!»— provocó que la mitad del público saliera corriendo. El escándalo marcó un antes y un después en el teatro francés y consolidó a Ubú como símbolo de una comedia subversiva y grotesca.

Cartel de la representación de Ubu roi en el Théâtre de l’Œuvre, 1896. Colección particular. Fotografía: Museu Picasso, Barcelona / ArtWorkPhoto.eu
Ubú rey se convierte así en una sátira feroz y grotesca contra la burguesía, que revoluciona el teatro y es considerada el punto de partida del teatro del absurdo. Ubú, arquetipo del cinismo y de la autoridad ridícula, sigue fascinando e incomodando todavía hoy.
