Ceràmiques de Picasso. Un regal de Jacqueline a Barcelona

Cerámicas de Picasso. Un regalo de Jacqueline a Barcelona

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Ceràmiques de Picasso. Un regal de Jacqueline a Barcelona
Ceràmiques de Picasso. Un regal de Jacqueline a Barcelona
Presentación Exposición Crónica de la exposición Obras de la Colección Catálogo

Esta exposición conmemora el trigésimo aniversario de la donación que Jacqueline Picasso hizo a la ciudad de Barcelona de 41 cerámicas únicas: platos, jarrones y tazas que Picasso había ido regalando a Jacqueline durante las dos décadas que vivieron juntos.

En 1947, Picasso empezó a frecuentar el taller de cerámica Madoura en el pueblo de Vallauris por invitación de sus propietarios, Suzanne y Georges Ramié. Le gustaba especialmente el reto de trabajar con objetos tridimensionales: un plato, pintado y grabado, podía convertirse en una cabeza; un grupo de mujeres o bailarinas podía rodear interminablemente el cuerpo de una jarra; o el interior cóncavo de un cuenco podía crear una ilusión de volumen en la criatura que había pintado dentro. Estas obras reflejan la preferencia de Picasso por las formas y técnicas de decoración populares, con las que experimentó para transformar objetos cotidianos en arte.

Jacqueline Roque y Picasso se conocieron en 1952, cuando ella empezaba a trabajar en la tienda del taller Madoura. Vivieron juntos hasta la muerte de Picasso, de quien ella fue musa, además de esposa y compañera. En 1982, Jacqueline, que había cedido en préstamo 41 piezas únicas de su colección para una gran exposición de cerámicas de Picasso organizada en Barcelona, sorprendió a todos los asistentes a la inauguración cuando anunció que tenía la intención de donar esas obras a la ciudad.

Marilyn McCully y Michael Raeburn

Primeros experimentos en Madoura

Los grandes plats longs moldeados, brindaron a Picasso el formato adecuado para sus experimentos con las técnicas y métodos de decoración en cerámica. Es notable la rapidez con la que trabajó desde el comienzo. Picasso no tardó en adquirir conocimientos sobre los materiales necesarios para aplicar las técnicas de decoración cerámica. Al verse obligado a trabajar con una «paleta ciega» –es decir, con colores que no son visibles antes de la cocción en el horno– aplicaba diseños y combinaciones tradicionales, aunque la mayoría de las veces ensayaba sus propias soluciones, por técnicamente improbables que parecieran. En cuanto a la temática, Picasso se sirvió de imágenes tradicionales, como frutas y peces, pero también pobló las superficies de sus fuentes (plats longs) con figuras y escenas mitológicas. Como la forma de estas piezas evoca naturalmente una cabeza, dispuesta horizontal o verticalmente, Picasso transformó muchas de ellas en cabezas de mujer o de fauno.

Formas tradicionales

La forma de las grandes vasijas conocidas como «jarras góticas» es una creación de Suzanne Ramié, quien para diseñarlas se inspiró en los tradicionales jarros con pico y una sola asa que generalmente se utilizaban para servir agua o aceite. Esas grandes piezas —aunque de diferentes tamaños— eran torneadas por los artesanos de Madoura y producidas en serie. Para Picasso, la forma de la jarra gótica ofrecía una clara analogía con el cuerpo femenino, como evidencian sus decoraciones en este tipo de piezas, con desnudos que cubren toda la superficie. En ocasiones, adaptaba la figura de una cabeza a la forma de toda la pieza, y aprovechaba el modelado del borde superior para sugerir el cabello.

Ollas (pignates)

En los meses de agosto y septiembre de 1950, Picasso estuvo muy ocupado en la creación de sus propias versiones de cerámicas antiguas, para las que utilizó las ollas (pignates) de fabricación local. Estos recipientes de barro rosa chamoteado cocido fueron fabricados durante siglos en Vallauris. Cuando Picasso se instaló a vivir y trabajar en Vallauris, algunos talleres seguían produciendo estos típicos utensilios de cocina de formas curvas o rectas. En sus decoraciones, el artista imita la escueta paleta de la cerámica griega y etrusca antigua, a base sólo de engobe negro con engobe blanco o rojo. Como la arcilla local utilizada en las ollas no era molida finamente, a menudo contenía partículas de material calcáreo. Además, solo se barnizaba el interior de las piezas y la superficie exterior permanecía porosa. El contacto con la humedad, por tanto, hinchaba las partículas calizas y hacía «aflorar» los desconchados, por lo cual estos recipientes decorados son especialmente frágiles. Eso sí, a Picasso no podían importarle menos estas imprevisibles imperfecciones.

Empreintes originales

En la primavera de 1955, semanas antes del traslado de Picasso y Jacqueline a La Californie, en Cannes, el artista trabajó en Madoura en una serie de empreintes originales. Suya fue la idea de aplicar a la cerámica un método de trabajo que guarda estrecha relación con el grabado. Trabajó con Jean Ramié, el hijo de Georges, en la producción de moldes de yeso basados en objetos comunes de cerámica. El artista tallaba una matriz, que servía de base para el molde de barro. De ese modo, las empreintes (impresiones) eran una reproducción fidedigna del diseño original del artista, en las que los surcos tallados en el yeso aparecían en relieve en la superficie de la pieza de cerámica. Para generar relieves en las empreintes de yeso, Picasso recurrió posteriormente al goteo de yeso líquido sobre el molde. A menudo databa los moldes en el borde de la pieza, pero como normalmente marcaba las cifras en el sentido de la escritura, de izquierda a derecha, en el molde impreso figuran en sentido inverso.

Las cerámicas de La Californie

El método de trabajo de Picasso cambió a raíz de su traslado con Jacqueline a la villa La Californie, en Cannes, en 1955. Ahora sólo iba a Madoura a trabajar en los moldes para empreintes, y para sus actividades de ceramista acondicionó un espacio en la villa. Hasta cierto punto, la experimentación con técnicas y materiales que había caracterizado su producción en Vallauris dio paso a métodos más sencillos. Realizadas con engobes y óxidos para el color y mediante técnicas de incisión y tallado, sus decoraciones volvieron a evocar las tradiciones de los antiguos pintores de cerámica. En cuanto a los tipos de piezas, por lo general trabajaba con jarras y fuentes elaboradas en Madoura y que el taller le enviaba, cuando no decoraba las baldosas para suelos y techos de fabricación comercial que él mismo encargaba. Un motivo recurrente en la decoración de estas piezas es la corrida de toros, presente también en otras de sus creaciones contemporáneas.

Platos españoles

El 15 de febrero de 1957, Picasso y Jacqueline fueron invitados a la inauguración, en el Palais Miramar de Cannes, de una gran exposición con cerca de 600 piezas de cerámica española, con el título "La Céramique espagnole du XIIIème siècle à nos jours". Entre las obras expuestas, figuraban algunas de las más famosas muestras de cerámica medieval y reciente de diferentes partes del Estado español. Picasso reaccionó casi inmediatamente, encargando a Madoura una serie de piezas que llamó platos españoles: grandes fuentes con el centro realzado. Picasso no solo estaba fascinado por el tamaño y forma de los platos españoles, también le atraía la decoración tradicional de los ejemplares medievales, con el centro ocupado por figuras de peces y otros animales y los amplios bordes adornados con guirnaldas y otros motivos decorativos, como si fueran escudos heráldicos en cerámica.

Obras de la década de 1960

Durante la década de 1960, Picasso retomó su vieja costumbre de trabajar en el taller Madoura. Ensayó nuevas variaciones en las empreintes originales y soluciones decorativas para grandes cuencos, azulejos y algún otro tipo de objeto, a menudo seleccionándolos de entre las ediciones cerámicas. En estos casos, Picasso decoraba las piezas por placer más que para suministrar a los alfareros del taller modelos para su reproducción. En los platos redondos que Picasso decoró con caras, este método produce el efecto de una piel marchita, marcada por el paso del tiempo, en rostros que parecen fijar su obsesiva mirada en el espectador. Aspecto este, por cierto, presente en los cuadros y dibujos de Picasso de la última década de su vida.

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